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CARTA DE COMIDAS
Es nuestra identidad, nuestra cédula gastronómica. Cuando uno llega a una ciudad de cierto tamaño, se encuentra casi de seguro con un restaurante chino, una fonda paisa con su bandeja típica, un asadero llanero, unos jugos y frutas exóticas del valle, y, gracias a Dios, un desayunadero santandereano. En nuestra propia ciudad, el “Viejo Chiflas”, es nuestro estandarte, y no decepciona para nada. Veamos qué pasó en una reciente visita.

Panorámica de la entrada del Viejo Chiflas, en la Calle 34. Nótese el uso extendido de la piedra, símbolo de nuestros artesanos.
En mi juventud, el ritual de rumbear incluía, después de las largas horas de parranda, una parada obligatoria a llenar el estómago, para que el “guayabo” al día siguiente no fuera tan maluco, y además para no levantarse a desayunar. En ese entonces, el restaurante que mandaba la parada era el “Tony”, que logró expanderse y que hoy se encuentra en San Gil y hasta en Bogotá.
Sin embargo, con el paso de los años, llegó otro que lo reemplazó del trono y con todo lujo: el viejo Chiflas, versión citadina del restaurante del mismo nombre que recibe a quienes “coronan” la larga subida del Cañón del Chicamocha en la vía a Bogotá, y los premia con arepa de primera categoría y caldos llenitos de sal que recuperan el sodio perdido.

Una ensaladita de aguacate, un excelente acompañante
En la ciudad, en su sede principal de la calle 34, de tres cómodos pisos, con un parqueadero un poco limitado a la capacidad de sus vecinos, se estableció y renovó su sede hace un par de años, en la que incluye en su último piso una tasca, para los amigos de la parranda.
El restaurante abre, como buen desayunadero, 24 horas durante los fines de semana, y ahora, por la temporada, lo hará continuamente durante casi un mes. Así que es muy fácil probar sus caldos y arepas a cualquier hora.
He ido en múltiples oportunidades a este y a otros Chiflas. Disfruto en particular el de la sede principal, y en ella el caldo de costilla con arepa, que es sensacional; antes de dormir, con alcohol en el cuerpo, es una bendición. La arepa es una religión en Chiflas. Tierna, asadita, en su punto, con chicharrón, le pone siempre un nivel muy alto en donde los otros típicos no llegan. Y así está casi siempre.

La sobrebarriga, otra de las delicias típicas del Chiflas.
En la última oportunidad pedí una sobrebarriga asada, media porción, generosa en presencia, y acompañada de las infaltables yuca y arepa. Para balancear, pedí una porción de ensalada de aguacate, muy sabrosa, muy fresca, y con un aderezo riquísimo.
La sobrebarriga, que nunca me había fallado antes, en esta oportunidad lo hizo: estaba muy floja de sabor, y sólo se mejoró con la compañía cercana de la ensalada. Pero en afán de la justicia, la he probado muchas otras veces, y casi siempre tiene una excelente calidad.
Mi acompañante pidió una pechuga asada, con papas fritas, y la misma ensalada, y esa sí nos sorprendió: generalmente una pechuga asada es un plato dietético, con poco sabor, y por el color de las papas, tan blancas como la nieve, no se presagiaba nada mejor. Sin embargo, la pechuga estaba deliciosa: jugosa, sabrosa, gruesita, excelente!.

Una refrescante limonada de panela, excelente acompañante de nuestra comida típica.
Como bebidas acompañantes escogimos de la siempre, la reina: la típica limonada de panela, que con cada sorbo nos recuerda a la que vendían en una tienda cercana al estadio, con la que calmábamos la sed después de un entrenamiento deportivo exigente en épocas del colegio. Es de las mejores, con el azúcar en su punto, con el sabor de la panela fría flotando en la boca y refrescando la mente. Muy Recomendable.
En otras oportunidades he disfrutado en compañía de extranjeros de otros platos típicos, como el cabrito, y la pepitoria, con resultados también excelentes. Y ni hablar del caldo de costilla, compañero de amanecidas, o de cenas livianas antes de dormir, que siempre te recarga y energiza, junto a la fiel arepa amarilla santandereana.
En resumen, una visita que no destacó muchísimo, pero en aras de la justicia, el vijeo Chiflas siempre mantiene un excelente nivel, que es todavía más destacable si se tienen en cuenta sus horarios de operación tan extendidos. Después o antes de una rumba, o simplemente para un almuerzo sabatino, una excelente opción, imperdible para quienes nos visitan y quieren probar nuestra gastronomía.