| Fundación |
Clima |
Altura
s.n.m. |
Ind.
Teléfóno |
| 1538
|
14
C |
2.620
M |
091
|
Bogotà,
D.C. Capital de la Repùblica de Colombia. Las crónicas de
viajeros precursores en los dos siglos precedentes subrayan la misma sorpresa
que se tiene hoy desde el avión, ante lo inesperado del paisaje
cuando se sobrevuela la ciudad. La Sabana (como se denomina
familiarmente la planicie donde se asienta Bogotà), tiene poco
en común con el trópico radiante que muchos creerían
encontrar y que en efecto predomina en la mayor parte de Colombia.
En
contraste con el verdor húmedo y abigarrado de las selvas; o con
las vertientes andinas cubiertas por cafetales, plátano y yarumos;
o con los valles y llanuras bajas, donde la reverberación del calor
impide la limpidez visual, la Sabana es plana, plácida y casi siempre
transparente. Clima frío; poca humedad; colores en tonos suaves;
campos que se alternan entre cebada, papa, maíz, hortalizas, flores
de exportación y hatos lecheros, hasta el último rincón
de sus casi cinco mil Kilómetros cuadrados, entre cotas de 2.600
a 2.800 metros s.n.m.
Cuando
hace sol hay una luminosidad soberbia, que se añora en otros largos
períodos de bruma, donde el gris acentúa un ambiente demasiado
sereno, casi frailuno. Manchas de bosques nativos en las cumbres y cañadas:
hayuelos, romerones, palmas, cedros, acacios, magnolios, uvos, sietecueros,
curubos, chusques, alisos, cauchos sabaneros, arrayanes.
Largas
líneas trazadas por cercos o linderos en setos de pinos, sauces,
retamos, espinos, urapanes. Muy destacados por encima de lo demás,
gigantescos eucaliptos, la más vigorosa entre las especies aclimatadas
aquí desde la Colonia, hoy denostada por los ecologistas, pero
indisolublemente asociada al paisaje.
La
Sabana está confinada por imponentes cerros a Oriente y Occidente.
En la propia planicie tres cordones de montañas bajas segmentan
cuatro valles interiores con antiguos nombres indígenas: Suba,
Chía, Tenjo, Tabio y Subachoque, cada uno con su respectivo
pueblito, su torre blanca, su río de curso lento confluyendo serpenteante
a engrosar, al medio, el Río Bogotá. Según
la antigua leyenda chibcha, Bochica, un anciano de barbas blancas, rompió
con su vara el cerco rocoso donde la planicie aprisionaba una enorme laguna,
precipitándose las aguas río abajo, hacia el Salto del Tequendama.
En la tierra liberada por Bochica, pues, encontraron Quesada y sus acompañantes
españoles media docena de aldeas muiscas, dedicadas a cultivar
maíz, fríjol, muchas variedades de papa y otros tubérculos,
bajo un régimen de propiedad comunitaria. Y a comerciar sal, que
extraían de las minas de Zipaquirá y Nemocón.
Los
más remotos antepasados ya habitaban la Sabana hace más
de doce mil años (yacimientos de El Abra, Tibitó y Tequendama,
ya comentados).
Bogotá
ocupa el sitio dominante de la Sabana, al fondo oriental, escoltada atrás
por sus dos cerros tutelares: Monserrate y Guadalupe (3.100
y 3.317 mts., respectivamente). Aparte de estos dos, una cadena extensa
de cerros flanquea la ciudad de Sur a Norte y constituye su rasgo paisajístico
más preciado.
Hasta
hace no más de cincuenta años, la capital colombiana era
un típico burgo provinciano, encaramado en la parte más
alta al centro del país, asiento de la burocracia y de la intelectualidad.
Aparte de buenos periódicos, conspiraciones, abogados, publicaciones
literarias, leyes y decretos, no producía mucho más que
cerveza, tejidos de lana y velas de cebo. ( Era tal el grado de centralismo
y de entropía, que los ferrocarriles empezaron a construirse de
aquí a la periferia, de la montaña hacia el mar, subiendo
las locomotoras a lomo de mula.) Había un cotarro de políticos,
obispos, generales, tinterillos de mayor o menor vuelo, rentistas descendientes
de encomenderos, gramáticos e intelectuales ( más atentos
a las corrientes francesas de la cultura que a la suya propia), curas,
monjasy, unos cuantos comerciantes.
Al
lado, un pueblo raso bastante taciturno, en su mayoría compuesto
de dependientes de oficinas, artesanos y estudiantes de provincia. El
resto de los colombianos llamaba "lanudos" a los bogotanos por
su eterna vestimenta de paño oscuro, su espíritu cazurro
y malicioso, su proclividad a los tibios cenáculos, al chisme y
al chascarrillo. Alrededor de una taza de chocolate, la sociedad santafereña
hablaba siempre de poesía como preámbulo de la política;
y aguzaba un ingenio particular para la frase punzante y vivaz, que es
el mejor rasgo de personalidad de los bogotanos raizales - o "cachacos",
como también se les llama -. No todo eso ha desaparecido, por supuesto.
Pero la Santa Fé de hoy es, a más del centro político
de siempre, una pujante ciudad industrial, con una planta productiva en
expansión. Hace tiempo dejó de ser una economía parasitaria
del poder gubernamental.
Es
la cuarta ciudad de Suramérica en tamaño, y la segunda
capital en calidad de vida, a menores costos de subsistencia. Pero, sobre
todo, Bogotá tiene una nueva mentalidad, fruto de dos factores
: la inmigración de cientos de millares de gentes de las más
diversas procedencias. Y un cambio notable del clima, de frío a
templado, lo cual favorece una cultura urbana muy abierta, una arquitectura
y unas modas más cromáticas y alegres. Bogotá
es ya la ciudad querida y representativa de todos los colombianos.
Los
límites de la pequeña urbe de finales del siglo XIX siguen
siendo perceptibles: el extremo Norte apenas llegaba a la ermita de San
Diego, frente al actual Hotel Tequendama.
El
centro histórico mejor conservado corresponde a los barrios de
La Candelaria y La Catedral, donde se guarda bien el sabor de la Colonia
y de los inicios de la República. Allí se encuentra aún
lo más logrado de la arquitectura institucional y religiosa, pero
también de la arquitectura doméstica, tal como fueron evolucionando
en casi cinco siglos de historia urbana. Un recorrido lleno de tesoros
muy cercanos uno de otro puede tomar una tarde, un día o más,
según el tiempo de que usted disponga para detenerse en la lectura
del pasado: los tiempos de la Real Audiencia, los tiempos virreinales,
la Independencia, las guerras civiles del siglo XIX y el "bogotazo"
de l.948, que fue el doloroso parto a la modernización de la ciudad,
semidestruída a raíz de innumerables incendios.
Cumplida
su cita con la historia, la ciudad le ofrece un amplio menú de
atracciones: muchos y muy buenos restaurantes, con una gastronomía
internacional y nativa que de seguro usted no hallará en ninguna
otra capital latinoamericana, con excepción, tal vez, de Buenos
Aires. Muy buen teatro. Varios espectáculos de "Music- hall",
la diversión de moda en los últimos años. Centros
comerciales cómodos y seguros donde el turista encuentra buenos
precios y excelente calidad en ropa, cuero, esmeraldas y artesanías.
Hay
buenos conciertos todo el año y en ciertas épocas, temporadas
de ópera, zarzuela, jazz. Dos temporadas de Toros. Y el mejor Festival
Internacional de Teatro del continente, en vísperas de la Semana
Santa.
En
Bogotá es muy fácil orientarse si se toman como referencia
el Centro y los cerros. La nomenclatura también es sencilla
(aunque hay sectores nuevos que se salen de la norma). Para empezar: las
vías se clasifican entre "calles" y "carreras"
(por excepción puede haber "avenidas", que pueden ser
lo uno o lo otro; también "transversales" o "circulares",
pero remitidas a un barrio o zona específica).
Las
carreras se orientan en el sentido Sur-Norte y se numeran desde los cerros
hacia abajo, o sea, de Oriente a Occidente. Tienen prelación de
tránsito, aunque con excepciones ( cruces de avenidas y otros,
que deben estar bien advertidos en las respectivas señales). Por
su parte, el trazo de las calles va de Este a Oeste y se numeran a partir
de un punto que quedó en el centro antiguo, desde el cual nace
la numeración en dos sentidos: hacia el Norte el número
se expresa de manera simple, y hacia el Sur se añade la palabra
Sur después del número.
Por
ejemplo, la sede Presidencial o "Casa de Nariño",
está situada en la calle séptima con carrera séptima,
a siete cuadras de donde nace la numeración de las calles y a igual
distancia de donde nacen las carreras.
Si
se va de allí hacia el Norte (y por cierto, la carrera séptima
es el eje histórico del crecimiento de la ciudad, por donde la
nomenclatura es más estable), los números progresan en proporción
a las calles. Del mismo punto hacia el Occidente, los números progresan
en proporción a las carreras.
La
vida turística de la ciudad se desarrolla del centro hacia el Norte.
(Hacia el sur se encuentran mayormente los barrios populares y las zonas
industriales.) En el centro histórico hay excepcionalmente unas
pocas pensiones agradables y hoteles de categoría media: es una
buena opción para turismo juvenil, en grupos. ( Preferiblemente
no transite a pié en la zona por las noches). Saliendo de él,
pero aún dentro de la zona céntrica contemporánea,
hay tres sectores que concentran hoteles y servicios para los visitantes:
la Avenida Jiménez, la Avenida 19 y el Centro Internacional, donde
están los establecimientos de más vieja tradición,
aunque muchos de ellos venidos a menos.
*
El tercero de los tres sectores dichos - el Centro Internacional ( sobre
el costado Norte de la Avenida 26, entre las Carreras 7a. y 10a.) -, ofrece
la oferta hotelera más amplia y la más bien complementada
por su cercanía al Centro de Convenciones, a tiendas de calidad,
artesanías, restaurantes y otros servicios; ideal para una estancia
en que el viajero necesite adelantar contactos institucionales, pero también
actividades de tipo cultural. (Esta es la zona de costos más altos
en el Centro, pero sus precios resultan más moderados que en el
Norte.)
Yendo
más lejos hacia el Norte, hay otros tres sectores con buenos hoteles:
*
la "zona rosa", un curioso experimento de transformación
de un barrio residencial ( el eje está en la Calle 82, entre las
Carreras 11 y 15), donde ha venido creándose un ambiente muy animado
de boutiques, discotecas y restaurantes, más algunos hoteles pequeños,
muy confortables. Ideal para turistas jóvenes en busca de recreación,
compras y vida nocturna, no demasiado reticentes al ruido callejero;
*
la Avenida 100, donde se ha instalado la hotelería que atrae a
de preferencia a los ejecutivos de empresas, con buena dotación
de ayudas comerciales, comunicaciones, informática, etc. y muchos
sitios de encuentro para hombres de negocios; es el sector de mayor costo;
*
el sector de Unicentro, donde hay también buenos hoteles y se proyectan
otros nuevos en vecindad de un gran centro comercial, con características
que mezclan un poco el ambiente de los dos anteriores.
Fuente www.colombialink.com |