| Fundación |
Clima |
Altura
s.n.m. |
Ind.
Teléfóno |
| 1533
|
28-30
C |
5
M |
095 |
English
Cartagena, Colombia, also
known as Cartagena de Indias, is a large seaport on the north
coast of Colombia. Founded in 1533 by don Pedro de Heredia,
and named after Cartagena, Spain, it was a major center of early
Spanish settlement in the Americas, and continues to be an economic
hub as well as a popular tourist destination.
Cartagena
faces the Caribbean Sea to the west. To the south is
the Bahia de Cartagena (Bay of Cartagena), which has two entrances:
Bocachica in the south, and Bocagrande in the north. During
the 16th and 17th centuries, Cartagena was part of the Spanish
Main, one of the chief ports of the Spanish treasure fleet and
so a prime target for English and French pirate and privateers
(such as Sir Francis Drake, who sacked the city in 1580). Many
of Cartagena's fortifications still stand: the Castle of San
Felipe, built between 1536 and 1657; the walls around the Old
City (las Murallas); the undersea wall across Bocagrande built
between 1771 and 1778; and the forts of San Jose and San Fernando,
built between 1751 and 1759 at Bocachica.
Many
colonial buildings can be found in the Old City, including the
Palace of the Inquisition, a cathedral, the Convent of Santa
Clara (now a hotel) and a Jesuit college. St. Peter Claver patron
saint of the slaves worked in and from the Jesuit college. Just
outside the city walls, you can see the "India Catalina"
statue, a local Indian hero.
To
the south of the Murallas is the modern city of Cartagena on
the peninsula of Bocagrande. Cartagena is the capital of the
department of Bolivar, with a population of 812,595 (1997 estimate).
It is one of Colombia's major seaports as well as the terminus
of an oil pipeline. The city is served by Rafael Núñez
International Airport, north of the city. Cartagena also is
home of the largest Colombian Navy (Armada de la Republica de
Colombia) base over the Caribbean, named A.R.C Bolivar.
About
30 km southeast of Cartagena are the Islas de Rosario
(Rosario Islands), a nationally protected park which features
an aquarium with trained dolphins and many varieties of tropical
fish and sharks.
Due
to Cartagena's tropical location, the climate changes very little,
with an average highs of 31°C (88°F) and average low
of 24°C (75.4°F) throughout the year. Cartagena also
averages around 90% humidity, with a rainy season typically
in October. Cartagena receives about 100 cm (40 inches) of rain
a year.
Español
Cartagena
es la gran plaza militar de América Española,
a la que Felipe II dedicara un histórico lamento por
el costo excesivo que demandaban las fortificaciones. En tres
siglos de ruda defensa, primero contra los indios, después
contra las potencias europeas enemigas de España, corsarios
y aventureros, tuvo como primera galería de atacantes
a tres franceses: Baal, Coté y de Pointis; y a tres ingleses:
Hawkings, Drake y Vernon. Algunos de ellos, anteriores a la
época en que se completaron las defensas, tuvieron éxito,
con los consiguientes saqueos y pérdidas humanas. Mucho
después, el siglo XIX trajo también otra tanda
de penalidades durante la Independencia y la República:
sitios impuestos por Bolívar y Morillo; tomas
a manos de distintas facciones en las contiendas civiles, bloqueos
navales de Inglaterra, Francia e Italia en reclamo de deudas.
Dieciocho ataques totalizan la historia militar de la ciudad.
Los
cartageneros
son particularmente orgullosos de dos de esos episodios: la
legendaria victoria ante la flota inglesa del Almirante Edward
Vernon (186 barcos con más de quince mil hombres) en
l.741. Y una dolorosa derrota: habiendo sido la primera provincia
en declarar la Independencia absoluta de España en Noviembre
de l.811, fue también la primera en sufrir el asedio
que le impuso el ejército del Rey - el propio constructor
de las defensas -, al emprender allí la Reconquista en
l.815, al costo de un tercio de la población. De ahí
le viene el título de "Heroica", que parece
tan lejano al nuevo sentimiento de ternura, de femenino engalanamiento
con que se rodea ahora el "corralito de piedra" ,
nombre que los colombianos le dan a esta bella ciudad en trance
de muchacha adolescente.
Mirándola
desde una aspillera de cañón en lo alto de los
baluartes, entre la fronda de árboles añosos,
dese un minuto de imaginación hacia el pasado. Empiece
por enmarcar el mismo paisaje que hoy tiene ante si: una vieja
ciudadela encerrada por gruesas murallas, a los pies de un inmenso
fuerte - San Felipe de Barajas- el más grande
castillo militar americano. El espeso ambiente del recinto cruzado
por callejuelas de trazo recto y estrechez casi medieval, a
menudo flanqueadas por la hilera de contrafuertes de alguna
Iglesia, o por largos pórticos. Pequeñas plazuelas,
recodos, sorpresas envolventes por entre el tejido urbano. Encima,
techumbres en teja de barro a dos aguas salteadas de torres,
campanarios y muros almenados, miradores hacia la bahía
sobre las casas de antiguos mercaderes o de contrabandistas
para observar la llegada de los barcos. Cúpulas renacentistas.
Largas
filas de balcones florecidos para dar noticias de vecindario
y refrescar los espacios domésticos, refugiados en las
plantas de arriba. Grandes portales, contraportones, vestíbulos,
despachos de negocios, tiendas y depósitos, en las plantas
de abajo. Más adentro, solares, dobles patios y claustros
por doquier; y en el interior de éstos, ramajes verdes,
helechos, flores encendidas, pozos de agua fresca en aljibes
de piedra. El olor de algas y la humedad salobre del mar, omnipresentes.
En mitad del paisaje urbano, el cerro de la Popa cortando el
horizonte en diagonal, y en un extremo, suspendidas, las paredes
blancas de su viejo monasterio agustino, como un arbotante contra
el cielo cruzado de nubes y alcatraces. Y el sol intenso.
Evoquemos
un día cualquiera, dos siglos atrás: en las calles
llenas de bullicio los pilluelos juguetean, las gentes chismorrean
y se mecen -como hoy- a la puerta de sus casas; piquetes de
soldados marchan por la calzada arrastrando cañones de
un fuerte a otro; carruajes de caballos, silletas cargadas por
negros, burros repartidores de agua. En las plazas, traficantes
que subastan esclavos; pregoneros; vendedores de frutas; lectores
a viva voz de los bandos del Gobernador, de los edictos del
Tribunal de Inquisición. En los atrios, "serenos"
que vocean la hora y manejan las llaves de todos los portones.
En el malecón, filas de cargueros con fardos de mercancías
para o desde el puerto, marinos, pordioseros, frailes doctrineros.
Gente que reza, que maldice, que canta.
Es
un puerto cosmopolita, abigarrado, cruel y codicioso. Comerciantes,
aventureros, capitanes de barco, funcionarios, curas y una sociedad
puntillosa y presumida, se entienden en el español andaluz
o de canarias, en flamenco, en portugués. Los negros
esclavos comparten sus penas - y los toques de tambora con cimarrones
evadidos en los "Palenques" - en dialectos africanos.
Indios kalamarís o turbacos deambulan silenciosos con
cestos, collares, perlas y baratijas.
A
la Cartagena colonial acude cada año el convoy de "los
Galeones", portadores de mandatos reales, oidores, armas,
esclavos y mercaderías. De aquí parte en Agosto
rumbo a la Habana, donde se encontrará con "La Flota",
el otro convoy que controla el comercio y la producción
de Méjico y las Filipinas . Los Galeones cargan aquí
los tributos, la plata del Perú (que previamente ha recogido
en Portobelo, en el Istmo de Panamá), el oro de la nueva
Granada, los diezmos, las maderas preciosas, las esmeraldas,
los caudales de los españoles que regresan. Veracruz
y Portobelo son los puertos terminales de ambas flotas al llegar,
después de paradas de paso en Santo Domingo y San Juan.
La Habana y Cartagena son los puertos de retorno. Para los convoyes
Cartagena es el puerto seguro para calafateo y reparación
de los barcos, antes de cruzar de nuevo un Caribe plagado de
piratas. Decenas de galeones que no tuvieron suerte en ese cruce
reposan en el fondo del mar, dentro y fuera de la bahía.
La
ciudad antigua
comprende dos conjuntos civiles: el interior del recinto amurallado
donde estaba lo de más alcurnia; y Getsemaní,
parcialmente afuera, en pinza sobre el puerto. Su visita exige
comprender la concepción militar del complejo que se
empezó a construir en 1.602 y que fue creciendo a lo
largo de dos centurias. La ciudad era virtualmente una pequeña
isla rodeada al Noroeste por mar abierto, al Este por caños
y lagunas y al Sur por un lido pantanoso (la península
de Bocagrande) y por una bahía interior ( de las Animas),
que se abre sobre una segunda bahía mucho más
amplia (la bahía de Cartagena), con una isla en la mitad
(Tierrabomba). Había, pues, en esencia, cuatro flancos
por proteger:
-
el primero, el mar abierto, menos accesible a los ataques por
el intenso oleaje pero que, con todo, iba dejando playones fáciles
para desembarcos ligeros; este flanco fue controlado con las
primeras murallas.
-
el segundo, los dos accesos por la bahía. Uno entre Bocagrande
y Tierrabomba fue cerrado por una barra en l.640, apoyada por
el desaparecido fuerte de San Matías, barra que se sustituyó
por una escollera submarina en 1.778, que aun permanece. La
otra entrada a la bahía, más estrecha y fácil
de defender, se sitúa más al sur entre Tierrabomba
y la Península de Barú, para custodiar la cual
fueron construidos dos soberbios fuertes: San Fernando de Bocachica
(en reemplazo del de San Luis, que le precedió) y San
José, diseñados para el fuego cruzado en corta
distancia.
-
el tercero, el cruce mismo por entre la Bahía de Cartagena
y la Bahía de las Animas, que fue controlado mediante
Fuertes pareados a uno y otro lado del canal de navegación;
de ellos quedan hoy dos pares incompletos: las ruinas del Fuerte
de Santa Cruz, destruido por una voladura, ya en la República,
en la punta de Castillogrande; el fuerte de San Juan de Manzanillo
, que hoy hace parte de la Casa de Huéspedes Ilustres
; y San Sebastián de Pastelillo, donde está hoy
el Club de Pesca.
-el
cuarto, en fin, era el control terrestre, en cuyo paso más
critico se construyó el Castillo de San Felipe de
Barajas, sobre la colina de San Lázaro, cerrando
todo el sistema de defensas.
La
plaza terminó así, después de dos centurias,
inexpugnable.
La
fortificación empezó por las murallas, como ya
se dijo, de las cuales hacían parte una veintena larga
de baterías y baluartes (dieciséis aún
se mantienen en pie). Un segmento que continuaba hacia el nordeste
de la Torre del Reloj, principal entrada al recinto frente al
puerto, fue demolido a comienzos de este siglo. Yendo en sentido
contrario, de la torre del Reloj al límite de la muralla
que flanquea el muelle de los Pegasos sobre la Bahía
de la Animas, se encuentra el baluarte de San Ignacio, donde
la muralla voltea. ( Para que usted se oriente: de este punto
se desprende hacia el sur la península de Bocagrande,
principal asiento del desarrollo hotelero actual). Siguen los
baluartes Santiago Santo Domingo, La Merced, Santa Clara y finalmente,
el Fuerte de La Tenaza. Entre los dos últimos se construyeron
por el interior los cuarteles de Las Bóvedas en l.798,
donde se alojan hoy las ventas de artesanías.
Todo
este trayecto va en paralelo con el mar, bordeado hoy por la
vía hacia el aeropuerto. En La Tenaza la muralla se desprende
del mar y vuelve a doblar hasta la laguna de El Cabrero, ( Caño
de Juan de Angola), entre el baluarte de Santa Catalina y el
de San Lucas. Luego la muralla bordea la ciudad por enfrente
de las ciénagas hasta el puente de San Lázaro
frente al cerro y en él, el Castillo de San Felipe, último
fortín interior, que ejerce pleno dominio sobre los caños,
el pequeño valle de La Popa y la "media luna",
el punto más vulnerable de la ciudad. Más al sur
la muralla reaparece para cerrar la espalda de Getsemaní.
El
menor empleo que durante la República se le dio al Canal
del Dique - una colosal obra civil de la Colonia para desviar
un brazo del río Magdalena que viene a desembocar en
la bahía - y el cese de la relación marítima
entre la Colonia y la Metrópoli, menguaron la importancia
del puerto y permitieron, gracias a la pobreza que entonces
sobrevino, proteger la ciudad de los efectos modernizantes del
último siglo y medio. Cartagena es, pues, un auténtico
regalo del pasado, que llega hasta nosotros casi intocada. A
mediados de los sesentas se comenzó la restauración
del sector histórico contra los daños del abandono
y la simple vejez. Sus buenos efectos están a la vista,
y los confirma la declaración de la Unesco que consagró
hace poco a Cartagena como "Patrimonio Histórico
de la Humanidad". Con todo, queda mucho por hacer y en
ciertos frentes serían deseables controles al interior
de muchas construcciones históricas que, aunque conservan
bien las fachadas, están siendo subdivididas y añadidas
para sacar un máximo provecho en la venta fraccionada
a personas no residentes, con desmedro de sus méritos
arquitectónicos y urbanos.
La
ciudad turística
la componen principalmente Bocagrande,
El Laguito y Castillogrande, donde se disfruta de playas amplias,
de arena delgada aunque un poco oscura. (Oriéntese en
el hotel antes de elegir la playa que vaya a usar y recuerde
que hay otras playas coralinas de mejor calidad a cierta distancia
de la ciudad, en Barú y las Islas del Rosario).
El
sector hotelero cuenta con servicios de todo tipo, buena gastronomía,
casinos, vida nocturna y excelentes comercios. Hay ahí,
en suma, todo lo usual en un balneario internacional bien equipado
para vacacionistas.
Dentro
de la ciudad històrica encontrarà hoteles
de gran renombre como el Santa Clara o el Santa Teresa. Igualmente
encontrarà gran variedad de restaurantes en las plazas
de San Diego, Santo Domingo y San Pedro.
Qué
visitar?
Los
once kilómetros de murallas, cuya construcción
inició el ingeniero italiano Bautista Antonelli en l.602
y concluyó dos siglos más tarde Antonio de Arévalo,
más los fuertes y el Castillo de San Felipe, ( construido
durante todo un siglo a partir de l.536), son el primer atractivo
de visita, ya descrito atrás. La visita guiada a San
Felipe permite conocer muchas de las técnicas empleadas
por los ingenieros militares, los sistemas de comunicación,
largos pasadizos y túneles, más algunas historias
y leyendas de interés.
El
segundo programa que no puede faltar es el recorrido de las
calles del recinto amurallado, ojalá al caer la tarde,
pero para ello descuente los horarios que rigen en recintos
especiales, algunos de los cuales cierran temprano. Amerita
entrar a lugares como La Catedral (iniciada en 1.575). El Palacio
de la Inquisición, a pocos pasos de la Catedral, la mejor
muestra barroca de arquitectura civil, terminado en l.770; ofrece
algunos datos sobre los procedimientos de los juicios y las
formas de tortura, más otra serie de elementos lamentablemente
muy pobres sobre la vida de la ciudad. San Pedro Claver, iglesia
y convento de los jesuitas perteneciente ya al siglo XVIII,
donde se guardan los restos del santo protector de los esclavos.
La Casa del Marqués de Valdehoyos y la que hoy se denomina
"Bodegón de la Candelaria", sobresalientes
muestras de la arquitectura doméstica del siglo XVII.
El
templo de Santo Domingo, el más antiguo de la ciudad,
terminado en el siglo XVI. La Plaza de la Aduana, actual centro
cívico principal, presidido por la Alcaldía, la
Plaza de los Coches, al pie de la Torre del Reloj y otros encantadores
parquecitos, como San Diego y La Merced.
Durante
el recorrido usted descubrirá otros pequeños tesoros
urbanos tales como la Casa de la Cultura, el Templo de San Agustín,
las sedes del SENA y de la Cámara de Comercio en antiguas
casonas de aristócratas del siglo XVII, etc.), pero,
principalmente, disfrutará una calidad de clima y belleza
de las calles mismas, que son el mejor patrimonio de Cartagena.
Terminado el paseo de la zona amurallada, puede encontrar un
par de "boites" o bares de turistas en la propia zona
histórica, cerca a las tiendas de antigÜedades.
O, si lo prefiere, salga por la Puerta del Reloj y encamínese
al costado de enfrente, en Getsmenaní, en vecindades
del Centro de Convenciones. Allí encontrará en
primer término un agradable Centro Comercial en el antiguo
Claustro de San Francisco, recientemente restaurado; y en derredor,
buenos sitios donde tomar café o una cerveza. Este es
el lugar de encuentro preferido de la gente joven.
Hay
también otros dos Museos. Digno de verse, el Museo del
Oro, con una muestra regional de orfebrería y cerámica,
sobre la Plaza de Bolívar, al frente de La Inquisición.
Y el Museo Naval, inaugurado para el Quinto Centenario del Descubrimiento.
Fuera
del casco urbano colonial, merecen visitarse el barrio residencial
de Manga, formado por curiosas quintas de la primera mitad de
este siglo, en profusión de estilos y jardines. El Cerro
de la Popa, magnífico mirador de la ciudad y sede de
uno de los más viejos y hermosos monasterios del país.
Alrededores
de interés:
No
deje de dar un paseo a las Islas del Rosario, un pequeño
conjunto de islitas y cayos coralinos a hora y media en lancha,
frente a la península de Barú. Las Islas son Parque
Natural y pertenecen a la Nación, pero hay allí
muchos ocupantes particulares, algunos de los cuales ofrecen
servicios a los turistas. Hay en proceso un plan de control
de asentamientos y de vigilancia ecológica, para impedir
obras que ya han causado graves daños ambientales. En
algunas de las islas hay buenos restaurantes y un Acuario de
bastante interés en Isla Pajarales. Existen también
dos hoteles pequeños, con excelente atención y
gastronomía.
De
paso a las islas, o como motivo más corto de paseo atravesando
la bahía, visite los fuertes de Bocachica, de los cuales
hablamos atrás. Fuera del interés de las fortificaciones
hay allí recuerdos vinculados a próceres como
Nariño o Santander, que purgaron cárcel en las
mazmorras de San Fernando. En el poblado de Bocachica se puede
comer platos típicos a base de pescado, en varios sitios
rústicos.
Para
los paseos por mar hay transporte de línea (motonaves
lentas y no muy bien equipadas, pero relativamente seguras)
con horario regular. Si prefiere algo más selectivo,
infórmese de excursiones manejadas por operadores profesionales.
En ambos casos el embarque se hace en el Muelle de los Pegasos
(al pié del Centro de Convenciones).
En
fines de semana hay alguna animación en las playas de
La Boquilla, aldea de pescadores situada un poco más
allá del aeropuerto ( 7 Kms. del Centro). Se trata de
un lugar bastante primitivo, pero si tiene suerte podría
apreciar algo de folclor local.
Pero
si dispone de un fin de semana extra, no dude en desplazarse
a Mompox, (requiere un corto vuelo en avioneta o unas tres horas
de navegación, saliendo por el canal del Dique; también
se puede ir por carretera hasta Magangué, cruzar el río
en ferry y continuar un breve trecho por carretera destapada),
la ciudad señorial en las riveras del Magdalena, espléndidamente
conservada. Era el primer puerto fluvial y principal sitio de
distribución del comercio hacia el interior del país.
Hay un aceptable hotel y se consiguen artesanías en filigrana
de oro.
fuente:
colombialink.com